Firmas

La provincia de Málaga y su relación con las Américas

Por Elías Bendodo Benasayag. Presidente de la Diputación Provincial de Málaga.

Elías Bendodo. Foto: Juan María Álvarez

Está documentalmente comprobado que en el verano del año 1487, cuando los Reyes Católicos establecieron el cerco a la Málaga musulmana, Cristóbal Colón estuvo bastantes días en el campamento de la reina Isabel, a la que venía pidiendo su apoyo para emprender una exploración que supondría descubrir el Nuevo Mundo.

Así, podemos decir, se inició la relación de Málaga con las Américas. Desde entonces numerosos nombres de malagueños forman parte de la historia de las tierras descubiertas al otro lado del océano, que muy pronto comenzaron a ser conocidas como las Indias.

Sin embargo, el único que hasta ahora ha recibido un singular homenaje, por estar su retrato en el Salón de los Espejos del Ayuntamiento de Málaga, es Ruy López de Villalobos, que vino al mundo en Málaga al comenzar el siglo XVI. Es famoso por haber sido, en el comedio de aquella centuria, uno de los más importantes exploradores del Pacífico, que ya por entonces comenzó a llamarse «el lago español». Lideró una expedición que descubrió las islas Carolinas y posteriormente alcanzaron la costa oriental de Mindanao, donde le pusieron el nombre de Málaga a la bahía Baganga. Comenzó así la exploración de un inmenso archipiélago al que llamaron Filipinas. Murió poco después en las Molucas, donde fue asistido por san Francisco Javier.

Al final de aquel siglo, en 1596, Diego de Montemayor, malagueño nacido el año 1530, fundó Monterrey, una importante ciudad mexicana muy cerca de Texas cuya población alcanza hoy casi el millón y medio de habitantes. Por su parte, Gonzalo Suárez Rendón, que nació en Málaga hacia 1502, participó como capitán de caballería en la fundación de Bogotá en 1538 y un año después también en la de Tunja, igualmente situada en Colombia, una ciudad que a partir de entonces constituyó la puerta del territorio situado al este y sur de los Andes.

Rondeño de cuna fue Bartolomé Lobo Guerrero, que, tras doctorarse en Teología en Salamanca, pasó a las Indias y en 1596 fue nombrado arzobispo de Bogotá. Posteriormente pasó al Perú y falleció en Lima en 1622.

A comienzos del siglo XVII nació en Ronda Agustín de Ahumada y Villalón, segundo marqués de las Amarillas y, por tanto, uno de los antecesores del teniente general Francisco Javier Girón y Ezpeleta, duque de la Ahumada y marqués de las Amarillas, fundador de la Guardia Civil. Agustín de Ahumada fue nombrado en 1755 virrey de Nueva España y a él se debe el nombramiento de la Virgen de Guadalupe como patrona de la Nueva España, es decir, de la actual México.

Manuel Centurión Guerrero de Torres nació en 1732 en Nerja de una familia oriunda, al parecer, de Génova. Cursó la carrera militar y también desarrolló actividades mercantiles en Málaga. Posteriormente ejerció como gobernador de Guayana y Bajo Orinoco. Publicó en Cádiz una obra con el título Ciencia de militares con diversas reflexiones sobre fortificación.

Y en este sucinto artículo no podemos olvidar a los Gálvez de Macharaviaya, que merecerían un tratado aparte. Dos de los cuatro hermanos Gálvez y el hijo de uno de estos tuvieron una importante relación con América. José fue visitador de la Nueva España con la misión de reformar la gobernación del más importante virreinato de los dominios españoles, que nunca fueron colonias ―como sí lo fueron las inglesas, holandesas o francesas―, sino provincias del mismo Reino de España. Hoy una pequeña isla del archipiélago Tonga, en la Polinesia, lleva el nombre de Gálvez.

Matías de Gálvez, tras su destino en Canarias, fue nombrado capitán general de Guatemala y allí, tras más de tres años de combatir en las selvas centroamericanas, venció a los invasores ingleses. En reconocimiento a sus muchos méritos fue ascendido a teniente general y nombrado virrey de Nueva España, aunque falleció apenas un año después de tomar posesión de su cargo.

La intensa e importantísima trayectoria de su hijo Bernardo resulta difícil de resumir. Luchó contra los apaches en lo que hoy son los estados de Chihuahua y Texas, participó en el gran ataque contra Argel, venció a los ingleses en tres batallas a lo largo del Misisipí y conquistó Mobila y Panzacola. A lo largo de su vida recibió seis heridas en combate y el rey Carlos III lo ascendió al empleo de teniente general y le concedió el título de conde de Gálvez.

Sus resonantes éxitos contra los británicos resultaron decisivos para que Estados Unidos lograse su independencia. En 1784, tras el fallecimiento de su padre, fue nombrado virrey de Nueva España, pero por desgracia murió al poco tiempo, en 1786, a consecuencia de una penosa enfermedad que padeció durante los últimos nueve años de su vida.

Otros malagueños también dejaron importantes huellas en América, como es el caso de Salvador Rueda, nacido en Benaque, que fue coronado en La Habana como «poeta de la raza».

Pero, además de los malagueños, debemos recordar las Málagas de las Américas. Ya hemos hablado de Suárez Rendón. Pues bien, uno de sus capitanes, Jerónimo de Aguayo, cumpliendo sus órdenes, fundó la ciudad de Málaga en la actual Colombia, algo más al norte que Tunja. Pero no es ella sola la que testimonia el recuerdo de Málaga: en Colombia también hay una ciudad llamada Vélez, fundada igualmente por orden de Suárez Rendón.

Y en Estados Unidos existen hoy varias ciudades que llevan el nombre de Málaga; una está en el condado de Fresno (en California) y otra está situada bastante más al norte, en el condado de Chelan del estado de Washington, fronteriza con Canadá. Otra Málaga se ubica en el condado de Monroe (Ohio), fundada el año 1818. Otra más está enclavada en el estado de Nueva Jersey, condado de Gloucester, costa este de Estados Unidos. Y también existe la Málaga de Nuevo México, en el condado de Eddy, y otra en Guatemala, y otra cerca de Durango, y otra en Cuba, y otra en Yucatán…

Son huellas quizá pequeñas pero muy significativas, porque demuestran que los hombres y el nombre de nuestra tierra malagueña están extendidos por toda la aldea global, principalmente en las Américas.