Entrevista

María Elvira Roca Barea: «La hispanofobia está escribiendo ahora mismo una nueva página con todas las manifestaciones que están teniendo lugar en Estados Unidos»

María Elvira Roca Barea es profesora de instituto, ha colaborado con el Consejo Superior de Investigaciones Científicas y enseñado en la Universidad de Harvard. Ha publicado varios libros y artículos en revistas especializadas dando conferencias dentro y fuera de España. A todo suma, ahora, el hecho de ser autora de Imperiofobia y leyenda negra, uno de los ensayos más exitosos y con mejores críticas de los últimos tiempos que analiza en profundidad el origen de la fobia histórica hacia los distintos imperios como el romano, el americano, el ruso y el español. Con prólogo de Arcadi Espada, esta obra trata de responder a cuestiones como el porqué de las imperiofobias, cuáles son los tópicos que las configuran y cómo se expanden hasta llegar a ser opinión pública sustituyendo a la historia, prestando una especial atención a la perversa relación que mantienen los españoles con su propia historia.

Texto y fotos: Raúl Orellana.

¿Por qué es necesario en este momento explorar la «imperiofobia» y la «leyenda negra»?

Necesario siempre ha sido. De hecho, a esa necesidad han respondido otros libros y otras investigaciones anteriores. Ahora, en este preciso momento, es especialmente necesario por las circunstancias de los últimos años. Creo que hay una conciencia clara, cada vez más presente en la opinión pública, de que existe ese fenómeno de la hispanofobia y de que puede ser siempre utilizado contra los españoles en toda circunstancia. Es, digamos, esa sensación de peligro que últimamente sentimos, ya de una manera muy clara, la que ha llevado a una toma de conciencia mayor; no es que antes no existiera, pero sí que es mayor ahora.

¿De dónde vienen estos términos?

Pues la palabra imperiofobia es un término, o una invención, que yo empecé a utilizar para mí misma cuando estaba estudiando ese fenómeno de aversión generalizada a los imperios en todo tiempo, y a cómo determinados poderes locales férreamente asentados se ven en peligro cuando un imperio en expansión los cuestiona. Esas maquinarias propagandísticas que se desarrollan contra ellos fue lo que empecé a llamar imperiofobia y no pensé nunca que fuese a terminar siendo el título de un libro. Por su parte, la expresión «leyenda negra» se usa para referirse a esa versión distorsionada de la historia de España, según la cual es una historia de atraso, barbarie, horror, intolerancia, etcétera. Es Julián Juderías el que la populariza en un trabajo que empieza a publicarse en 1914 y que tiene ese nombre. No es él el primero en utilizar la expresión «leyenda negra» para referirse a este fenómeno de muchos siglos, pero si es él el que populariza la expresión mediante su trabajo. 

¿Cuál sería la cronología de creación de esta «leyenda negra»?

La cronología de la leyenda negra discurre en paralelo con la historia del Imperio español, es decir, la primera manifestación visible y bien estudiada está hecha por un historiador sueco que se llama Sverker Arnoldsson, cuya obra acaba de ser reeditada, y estudia esa primera manifestación de hispanofobia en Italia, porque es allí hacia donde se produce la primera expansión del Imperio español, que es aragonesa. Ahí es cuando aparece y, después, sigue en el siglo XVI y XVII de una manera muy virulenta con las guerras de religión y con los conflictos habidos en lo que es el eje propagandístico orangista en los Países Bajos, anglicanos en Inglaterra y luteranos en los territorios del Sacro Imperio. De esta manera, se crea un triángulo propagandístico enormemente fértil que continúa en el siglo XVIII en otra versión, la ilustrada. Esta versión francesa es, prácticamente, la más perdurable en la medida en la que le da otro nuevo matiz de respetabilidad intelectual a la hispanofobia, y continúa durante el siglo XIX incrustada en el liberalismo y la versión anglosajona de la historia. Así podemos seguir hasta ahora mismo, que está escribiendo una nueva página, en vivo y en directo, con todas las manifestaciones de hispanofobia que están teniendo lugar en Estados Unidos, con la destrucción de las estatuas de Colón y de Fray Junípero Serra. Es decir, no ha dejado nunca de ser reescrita y añadida, capítulo a capítulo, con nuevas versiones, con nuevos desarrollos, como este capítulo fantástico de Estados Unidos. Ahora mismo en Estados Unidos es muy visible el hecho de que no existe población indígena que sobreviviese a la expansión desde Nueva Inglaterra hacia el Oeste. Sin embargo, ese enorme vacío de falta de población indígena por aniquilación de la existente no va a ser contado como realmente sucedió. Se va a quedar un hueco en medio y se ha buscado el culpable en el origen; por tanto, la culpa de la desaparición de los pueblos indígenas está en los españoles, en Colón y en la colonización española, pero no en el séptimo de caballería, no en el general Custer, no en el coronel Frémont y en todos y cada uno de los episodios de destrucción de los pueblos que allí habitaban y que puede ser perfectamente seguida e investigada, pero eso no se hace. Nadie le va a quitar una estatua al general Custer, pero las cabezas de Colón y Fray Junípero van a seguir cayendo.

«Imperiofobia y leyenda negra» se publicó en el 2016.

¿Es la hispanofobia algo previo al descubrimiento de América?

Sin duda, es anterior. Ese pensamiento de que España es un país medieval y caballeresco es algo que viene del humanismo. A lo largo de seis siglos se ha repetido la misma tontería, desde Paulo Jovio a Curtius. América se incorpora tarde al palmarés de la leyenda negra gracias a Guillermo de Orange, y las traducciones promovidas por él del texto de Fray Bartolomé de las Casas, a quien a día de hoy considero totalmente desprestigiado como fuente fidedigna, pero es él quien convierte América en un nuevo tópico hispanófobo. Esto favoreció a los franceses que habían fracasado estrepitosamente en Canadá, y los ilustrados lo repitieron hasta aburrir. Porque la ilustración francesa siempre ha estado al servicio de su país, como debe ser. Esto les honra.

Según lo que ha investigado, ¿quiénes cree que son los máximos responsables de fomentarla?

Bueno, es que tiene muchísimos participantes, es una gran fiesta. Es un baile al que acude mucha gente porque todos obtienen de ello alguna rentabilidad. Por ejemplo, siguiendo con este último capítulo que está ahora en fase de estar escrito: ¿Quién obtiene rentabilidad de esto? Pues la obtiene evidentemente el WASP, el grupo blanco anglosajón protestante norteamericano, que no va a cargar con la responsabilidad de la desaparición de esos pueblos indígenas. Entonces, evidentemente, hay que buscar un culpable porque el hueco es clamoroso. ¡Es que prácticamente no hay población! Y eso que, según la ley estadounidense, con que tengas un octavo de sangre india ya eres considerado un indígena; pues aun así las cifras de población son ridículamente pequeñas. Por tanto, ahora que se ha puesto de moda el indigenismo y todo este asunto, hay un hueco enorme que hay que cubrir, y la ausencia clamorosa de esos pueblos desparecidos no va a caer sobre ese grupo humano que lo exterminó, sino que va a migrar en busca de otro culpable. Entonces, se va a dibujar un paisaje que explica la realidad presente, eximiendo de culpa y de responsabilidad a los que verdaderamente son culpables de ese asunto. Siempre hay una razón por debajo de todos y cada uno de los desarrollos que la leyenda negra ha ido escribiendo y colgando al Imperio español.

¿Qué hay de leyenda en los procesos históricos asociados a nuestro país como es, por ejemplo, la Inquisición?

Todos esos tópicos, que se convirtieron en reclamos propagandísticos de alguna manera a fuerza de ser repetidos a lo largo de los siglos, han terminado tiñendo por completo la visión general. La Inquisición es, evidentemente, algo que existió. Sin embargo, la visión que de ella se tiene está completamente deformada. Creemos de ella que es algo mucho más importante, que afectó mucho más a la vida y cuando piensas en España piensas en Inquisición automáticamente. Pero ¿por qué no piensas en la Escuela de Pensamiento de Salamanca o por qué no piensas en el sistema asistencial estupendo que España tenía ya en el siglo XVI con desarrollo de atención hospitalaria y solo piensas en Inquisición? Pues se piensa en ella porque fue el leitmotiv, la percha en la que se cuelga todo un desarrollo denigratorio de la historia de España. Esto de nuevo nos plantea un interés que, en este caso, sería coger una cosa relativamente pequeña como la Inquisición, la transformas en un monstruo y tiñes siglos de historia de España de solo esa presencia. Al mismo tiempo que la pones en la primera fila del escenario, tapas todos los fenómenos de intolerancia religiosa que sucedieron en Europa en los siglos XVI y XVII. Toda la intolerancia migra hacia el territorio de la Inquisición, que es el territorio español. Así ya no ves las persecuciones religiosas que tuvieron lugar en estos siglos en los territorios protestantes o cómo se mataron entre sí las distintas sectas protestantes, ya que toda la intolerancia religiosa está en ese lado, luego ya no está en el tuyo. Siempre hay un interés que no se ve a primera vista pero que está clarísimamente ahí.

¿Por qué cree que interiorizamos y nos creemos los españoles esta leyenda negra?

Eso es una conjunción de factores realmente complicada de explicar. La interiorización de la leyenda negra viene de varios factores. En primer lugar, en el Imperio español, como en casi todos los imperios, había un sistema de autocrítica extraordinariamente libre en el sentido de libertad de expresión y de hábito de polemizar. Esto es eficaz en los imperios, suele ocurrir en casi todos ellos y sucede porque es funcional. Si tú te quedas feliz en tu situación y te complaces a ti mismo con lo que ves, entonces no te esfuerzas por mejorar, no quieres ir más allá. En todos los imperios te das cuenta de que es algo que existe y es funcional. A eso hay que sumar el hecho que a lo largo del siglo XVIII se produce un cambio de dinastía; llega un rey nuevo que es un Borbón, que viene de Francia y, con él, llegan sus ilustrados, que son franceses. Entonces se produce un proceso de asimilación de las élites españolas al pensamiento francés, surge el afrancesado. En España había ilustrados, pero esa asimilación de todos los tópicos franceses es un afrancesado, y el francés era por definición hispanófobo, ¡cómo no iba a serlo! Llevaba siglos luchando contra el poder imperial de España y cuando no puedes atacar en lo militar y no puedes derrotar en lo económico pues te dedicas, como en toda imperiofobia o al menos yo he tratado de explicarlo así, a derrotar moralmente al otro, es decir, a colgarle todos los vicios, los errores y barbaridades posibles. Destruyes su reputación e imagen ya que no lo puedes destruir de otra forma. Los franceses llevaban años practicando ese ejercicio, y cuando las elites españolas se asimilan al nuevo ambiente de la corte tienen que aceptar esa puesta en escena, porque si no son automáticamente calificados de atrasados, de gente que está al margen de la modernidad, que no son ilustrados, que no están al corriente de lo nuevo. Entonces, a partir de ese momento, la asimilación cobra carta de naturaleza entre las clases altas españolas y las cultas, y esa visión denigratoria de la historia de España ya no volverá realmente a ser cuestionada nunca más.

En su ensayo habla de un sentimiento de hispanofobia en distintos puntos del mundo. ¿Cómo se ha llegado ahí?

Pues por un proceso muy largo y que tiene muchos capítulos de reescritura distinta, hasta que hay un momento en que se asimila que es el paisaje con el que nos educamos los occidentales y ya no cuestionamos la base sobre la que está escrito en ningún sentido. La hispanofobia es un pilar sobre el que se ha escrito la historia de Europa cuando en el siglo XIX se escribe la historia oficial de este lugar. Es la historia que hemos estudiado en los libros de texto. Imagínate, cuando el Imperio español se está viniendo abajo es el momento álgido del Imperio colonial inglés, la unificación alemana con toda la efervescencia nacionalista triunfante, la unificación italiana… Todos ellos tenían sus propias versiones de la hispanofobia que estaba incrustada en sus elites, por supuesto, porque todos estos territorios echan los dientes luchando contra el Imperio español. Por tanto, es esa versión la única posible. A excepción de algunos historiadores italianos que lo han hecho y que forman parte de un momento que tuvieron a comienzos del siglo XX y que no han continuado esa línea histórica, va a ser difícil encontrar en la historiografía italiana o cualquier libro de texto italiano alguien que reconozca las ventajas que para Italia supuso la existencia del Imperio español y su relación con ese imperio; más bien al revés.

Por lo que cuenta, entonces, piensa que es difícil cambiarlo.

Está, por un lado, lo que está fuera de las fronteras nuestras y, por otro, lo que está dentro. A mí me preocupa, evidentemente, lo que está dentro de las fronteras nuestras. El hecho de que en la mentalidad colectiva inglesa la hispanofobia esté absolutamente incrustada porque ellos han construido su noción de sí mismos, su noción de superioridad moral y de cualquier tipo, por oposición a ese Imperio del que han construido una imagen denigratoria, a ellos los convierte en los buenos de la película, y eso es muy difícil de tocar. Esa misma composición de lugar te la encuentras en casi cada territorio de Europa que visites y, claro, la capacidad de influir ahí es muy limitada. Luego está lo que pasa en nuestro propio país, en donde la leyenda negra sigue siendo una y otra vez el alimento nutritivo de todas las tendencias centrífugas y destructivas de la unidad que en el país se dan. Ahí es bastante importante que tomemos conciencia de que esto es gasolina, gasolina que alimenta corrientes políticas que son extraordinariamente perversas, destructivas en líneas generales y racistas. Cuando se alimenta a estos demonios y se les ofrece más y más, crecen hasta convertirse en el «problemón» que ahora mismo tenemos.

¿Ha sido complicado escribir un libro como este, que da la vuelta a todo lo que se nos ha contado?

Pues no lo sé. Yo ando haciendo el trabajo hacia atrás, intentando explicar cómo lo escribí, por qué lo escribí y por qué realmente nunca decidí escribirlo. El libro es el resultado de un proceso de decantación larguísimo, porque yo estudié clásicas y la historia de Roma, y ahí tuve la intuición de que algo existía. Luego me marché a Estados Unidos y allí vi unos paralelismos que me resultaron bastante asombrosos y, en ese momento, es cuando me puse a estudiar. Estudié durante años ese fenómeno de los imperios, de las propagandas vinculadas a los imperios y a las imágenes denigratorias, que llamo imperiofobia. El Imperio español y todos sus silencios, toda esa inmensidad de trabajo, absolutamente tapada, ocultada debajo de mil alfombras, con solo la visión de la Inquisición y el tema de América, fueron los dos leitmotiv de la propaganda utilizados una y otra vez. Fue mucho el tiempo en que yo hacía esto conforme hacía otros trabajos de investigación. Lo hacía para mí y para yo entender y comprender la historia de España, porque soy española y me interesa. Nunca decidí escribir un libro. Realmente fue Ignacio Gómez de Liaño, el director de la Colección Ensayo de Siruela, el que me pidió que lo escribiera. He de confesar, honradamente, que pensé que no lo iba a leer nadie.

Comenta que la propaganda está inexcusablemente vinculada a los imperios, pero ¿cuáles piensa que son las consecuencias de esto en la actualidad?

Las consecuencias de esta propaganda se están viendo en Europa, se están viendo en España y afecta de una manera bestial a todos los pueblos que hablan español, no solo a España. Esa relación perversa con la historia propia que los españoles tienen los debilita enormemente porque los debilita moralmente, y en el caso ya de los que hablan español al otro lado del Atlántico ni los cuento; en ese caso el asunto es ya realmente una tragedia. El hecho de que los pueblos que hablan español en América consideren España como una especie de cosa invasora, destructiva de sí mismos, cuando lo que tienen, lo que son hasta el día de hoy, tiene más historia virreinal que historia después de la independencia, y machacarte a ti mismo la parte que tienes de español, a ver como lo haces sin destruirte a ti mismo completamente, porque no puedes hablar otra lengua más que la que tienes de uso común, y la sangre que te trajeron tus antepasados de la península Ibérica a ver cómo te la sacas de las venas sin destrozarte. En el caso de América es horroroso, es verdaderamente horroroso. Aunque no digo que sea la única causa, pero sí que es una de las razones principales por las que las naciones de América están absolutamente trabadas y son incapaces de tener una relación fructífera o alimenticia con su pasado.

A raíz del éxito de este ensayo, ¿cree que se ha estudiado y contado poco sobre este tema?

Este tema se ha estudiado menos que nada, ¡es que es asombroso! Desde la publicación de Julián Juderías de La leyenda negra, que sale en 1914 en una revista y que posteriormente en 1917 reestructura, le añade bibliografía y adquiere la configuración con la que ahora te lo encuentras en las reediciones, hasta la publicación de García Cárcel, prácticamente en el noventa y tantos, en España no se produce un solo trabajo sobre esto. Todo lo que viene a añadirse al tema de la leyenda negra, con la inmensidad que tiene históricamente, la tergiversación histórica que es descoyuntar completamente la historia de ese imperio y de Europa, en realidad de sus carriles, vive de las publicaciones que hacen otros historiadores fuera de España como son la de Arnoldsson, que he mencionado, en 1960; la de Powell a comienzos de los setenta; en el cuarenta y tantos Rómulo Carbia desde Argentina había publicado también; pero todos y cada uno de los que abundan sobre el asunto no son españoles, por lo que hay que darse cuenta de la enormidad de lo que esto significa.

Tras Imperiofobia y leyenda negra, 6 relatos ejemplares 6 es su nuevo libro. ¿Qué otros mitos viene a desmontar en él?

6 relatos ejemplares 6 está escrito en otra clave, en clave de relato histórico, y salió de historias que yo conforme escribí Imperiofobia y leyenda negra me hubiera gustado contarlas, pero había que pararse diez páginas a contar una historia particular, de una persona concreta o un momento histórico determinado; entonces no me podía parar, me hubiera salido del relato histórico para irme a otro sitio. Estas historias se quedaron ahí, y entre ellas escogí seis que me parecieron especialmente interesantes, porque me parecía que merecía la pena que el lector, no solo el que habla español sino los pueblos del sur de Europa, debían conocer estas historias y quizás dejaran de tener esa visión negativa de sí mismos que tienen, o esa especie de complejo de inferioridad moral que los tiene bastante fastidiados, la verdad.

¿Cómo ha sido el proceso de documentación e investigación para estos dos libros?

En el caso segundo no ha añadido nada porque yo ya tenía los datos previos, y en el caso de Imperiofobia y leyenda negra la gran acumulación de información del primero sucede en los diez años anteriores a que yo me ponga a escribirlo. Tampoco me supuso demasiado, se escribió de una manera relativamente rápida, se hizo en un par de años, pero porque no es un trabajo que empieza de cero, si empieza de cero no sé qué tiempo tardo. Cuando escribí el libro tenía ya organizadas mis carpetas y aquello tenía una estructura; lo que hice fue sacar de allí y ponerme a redactar, pero yo ya tenía un material acumulado en cajas, en carpetas y que estaba estructurado. A lo largo de los años alguna vez investigaba la construcción de ciudades en América, iba a la Biblioteca Nacional y veía los planos de construcción, que son enormes, encuadernados, o los de 1554, por ejemplo. No lo hice con presión, no tenía sensación de ello, era como una especie de excursión intelectual que me interesaba a mí y que yo realmente pensé que no le podía interesar a nadie más.