LA CULTURA QUE SOBREVIVE

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En 1966 se fundó el Ateneo de Málaga, en un contexto de tímida apertura del franquismo que fue aprovechado por los intelectuales, profesionales liberales y universitarios de la época, entre otros, para poner en marcha una institución cultural abierta a las nuevas ideas y tendencias que propiciara un espacio de libertad creativa y expresiva en aquel contexto de censura. Una institución, en suma, que permitiera la expansión de la cultura y su proyección social. Como en el caso de Málaga, muchos ateneos garantizaron de hecho la supervivencia de la cultura. Sin ellos, la anomia cultural de aquellos años grises se habría impuesto definitivamente. En la actualidad, el Ateneo de Málaga es una de las instituciones culturales más pujantes de la ciudad y un referente en toda España. Como escribe en este número Miguel Tello, su presidente ejecutivo, los ateneos, fieles a su espíritu fundacional, han venido desempeñando un papel dinamizador de la cultura local, pero también de movimientos culturales más amplios y, en consonancia con los objetivos de esta revista, han mantenido una especial relación con América Latina. Por todo ello, TSN 15 ha querido abrir sus páginas con los ateneos, a los que nos sumamos en el proyecto de difusión de la cultura y de encuentro con la diversidad cultural y con los pueblos del mundo, especialmente con quienes compartimos historia y lengua.

Pero, además, TSN viaja en esta ocasión desde las calles de Lisboa en la vecina Portugal, fotografiadas por Isabel Araújo, hasta la historia reciente de aquella España que fue testigo del exilio republicano, convertido hoy en nuestras páginas en la gran metáfora española sobre los exilios y los desplazamientos forzosos de todo el mundo. Gracias a José Luis Mora, un nutrido grupo de investigadores de primera fila procedentes de España, México, Reino Unido y Puerto Rico reflexionan sobre España, Europa y América en la obra de los intelectuales del exilio republicano de 1939 y dan forma a una extraordinaria antología de pensadores que expresaron a su modo el sentir de España y de aquel exilio, pero también de las sociedades de acogida. Allí donde sobrevivió la cultura que llevaban los exiliados y su obra.

Y desde Portugal, siempre con Portugal en nuestro horizonte, nos adentramos de nuevo, ahora de la mano de Raquel Baltazar y Rita Amorim, en las señas de identidad de la ciudad de Lisboa, ciudad luminosa y llena de contrastes, típica y cosmopolita a la vez, y una de nuestras grandes urbes ibéricas. Abrazamos así la idea iberista de acercar mediante el conocimiento mutuo a nuestros dos pueblos hermanos, unidos en la proyección iberoamericana y conscientes de que en el mundo convulso de hoy debe sobrevivir la cultura como espacio para el entendimiento, el progreso y la paz.

La cultura que sobrevive es siempre nuestro hilo conductor, aquella que ha sido resultante del proceso histórico y del andamiaje producido por los pueblos en su permanente contacto. Detrás de cada línea y de cada página hay siempre un canto a la esperanza que proviene de nuestra satisfacción por publicar estudios que ponen de relieve las diferentes relaciones que se vienen generando en el espacio iberoamericano y transatlántico o que recuperan para el presente testimonios que el tiempo ha acabado ocultando.

Mientras tanto, Gaza se vacía por las bombas mortíferas del ejército israelí, que causan estragos entre la población civil y la obligan al desplazamiento forzoso de su territorio; y el conflicto amenaza con extenderse fuera de sus fronteras, cuando resuenan —no tan lejos— los tambores de nuevas guerras en Oriente Medio. La multiplicación de conflictos locales en todo el mundo muestra a finales de 2023 un panorama desolador indicativo de la inestabilidad e incertidumbre de los tiempos que corren. Y los populismos de nuevo cuño, que abrazan un figurado anarcocapitalismo, aprovechan a su vez la fragilidad de las democracias para cuestionarlas en nombre de un ultraliberalismo que parece en auge.

La historia es tozuda y volverán tiempos mejores para la humanidad, porque, como señala el refrán, no hay mal que cien años dure. Pero mientras tanto seguiremos lamentando la pérdida de vidas humanas, víctimas de la tiranía y del odio. Renacerá de nuevo la humanidad, pero quizás entonces el coste haya sido muy duro y apenas quede luz ni esperanza. Pero sobrevivirá la cultura en las voces de todos los que creen en el ser humano. La cultura sobrevive a los exilios, a las guerras y a las injusticias, y se sobrepone a ellas. Porque la cultura que sobrevive es la que transforma el mundo, como el faro que nos orienta en la tormenta.

Juan Antonio García Galindo. Director de TSN